
El reciente episodio de podcast analiza las labores para aprender a hacer frente a retos persistentes en la educación, la agricultura y la armonía social.
CENTRO MUNDIAL BAHÁ’Í — En el marco de las consultas celebradas en el Centro Mundial Bahá’í sobre el desarrollo de las comunidades bahá’ís, varios participantes de la República Democrática del Congo se entrevistaron con el Servicio de Noticias para grabar este episodio de podcast en el que reflexionaron sobre los proyectos educativos bahá’ís en su país.
Al analizar los avances generales de los últimos años, mencionan a Canjavu, una localidad en Kivu del Sur, como ejemplo de la forma en que los residentes han aprendido a resolver los retos de larga data en materia de educación, agricultura y armonía social.
«Tenemos un sistema educativo moral y espiritual que nos ha ayudado a desarrollar capacidades en nuestra labor de contribuir a la transformación social», afirma Amélia Mujinga, miembro del Cuerpo de Consejeros de África.
La educación ha ejercido un papel central en la renovación de Canjavu durante décadas. Hace años, se estableció una escuela en la localidad, pero al carecer de apoyo adecuado, los profesores acabaron teniendo que marcharse para buscar trabajo en otros lugares y la escuela dejó de funcionar. Los niños tenían que recorrer grandes distancias para asistir a la escuela, lo que resultaba especialmente difícil en la temporada de lluvias.
«Uno de los avances más impactantes de estos últimos tiempos fue que todo el pueblo se reuniera para reabrir la escuela que ya no existía», afirma Chanceline Zawadi, miembro de una agencia bahá’í a nivel nacional.
El proceso de restablecimiento de la escuela comenzó cuando los residentes —entre ellos los jefes locales y las personas formadas como maestros por una organización educativa de inspiración bahá’í— se reunieron para deliberar sobre la manera de solventar las necesidades educativas de sus hijos.
«Muchos comenzaron a fabricar cestas y esto, junto con pequeñas inversiones realizadas por algunos, permitió cubrir las necesidades de la escuela y de los profesores», declara Zawadi.
La escuela presta servicio en la actualidad tanto a estudiantes de primaria como de secundaria. Shoghi Irenge, profesor de la escuela comunitaria, indica que, mediante los programas de construcción de comunidad, los jóvenes han desarrollado especialmente un espíritu de servicio. «Algunos jóvenes se han convertido en los profesores de aquellos que [...] ingresan en las clases más elementales», observa.
La capacidad de la comunidad para la acción colectiva se puso de relieve de manera especial durante las fuertes lluvias del año pasado, cuando gran parte de la infraestructura de la escuela quedó destruida.
Badi Barhingenga, jefe de la localidad de Canjavu, recuerda con qué presteza se movilizaron los padres para las tareas de rehabilitación. «Yo puedo traer tablones», dijeron algunos padres, otro: «Yo puedo ayudar con la albañilería». Otros comprometieron otro tipo de material adicional, y así fue como la escuela se volvió a abrir».
El desarrollo del pueblo va más allá de la educación y atiende a los patrones sociales que habían afectado a los lazos comunitarios, como la emigración de muchos hombres en busca de trabajo. A través de amplias consultas entre las familias y las instituciones bahá’ís locales, los residentes entendieron la necesidad de fortalecer la economía agrícola local.
«Los hombres entendieron que, mediante la agricultura, tenían un papel importante que ejercer», explica Zawadi, quien describe que los residentes comenzaron a centrarse en la agricultura como un medio importante para ganarse la vida. «En la actualidad, cuando llegas a Canjavu, verás que tanto hombres como mujeres participan juntos en todos los procesos».
Las reuniones de oración han contribuido de manera intensa al desarrollo de Canjavu al fomentar espacios sociales que combinan la adoración y el servicio, explica Kapitene Mbasu, miembro del Cuerpo Auxiliar. Estas reuniones han dado pie a varias iniciativas de acción social, como por ejemplo la aplicación de técnicas de agricultura sostenible para transformar terreno estéril en tierra fértil de cultivo.
Estos y otros numerosos proyectos han realzado la capacidad de los residentes de Canjavu para relacionarse y emprender proyectos para cubrir las necesidades. En la base de todas estas iniciativas, en palabras del jefe Barhigenga, se halla una convicción cada vez más fuerte en que todos forman parte de una sola familia humana. «Los residentes se ven a sí mismos como protagonistas de su propio desarrollo», afirma, y ya no consideran las diferencias de religión como barreras a los proyectos de mejora de su pueblo.
«Ahora todos se ven como una gran familia y cada persona ejerce un papel para ayudar a cambiar el pueblo», agrega el jefe Barhigenga.
El episodio de podcast forma parte de la serie Entrevistas, un análisis colectivo por parde de diversas personas sobre la aplicación práctica de los principios bahá’ís en la construcción de sociedades pacíficas.